Un nuevo estudio revela que el agua contaminada del Río Tijuana, cargada de aguas residuales, impacta directamente la calidad del aire en la región. Investigadores señalan que esto valida las denuncias que residentes han hecho por años.
“Este estudio demuestra una vía directa de exposición: de un río contaminado al aire que respiramos”, dijo Kim Prather, coautora e investigadora de Scripps Institution of Oceanography de UCSD. “Por primera vez mostramos que la mala calidad del agua puede degradar profundamente la calidad del aire, exponiendo comunidades enteras a gases tóxicos y otros contaminantes”.
El estudio, publicado en la revista científica Science, midió principalmente sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico con olor a “huevo podrido”, que proviene de los millones de galones de aguas negras que llegan desde Tijuana hasta las costas de Coronado.
Los datos mostraron que cuando aumentaba el flujo del río y había poco viento, los niveles de gas se disparaban y crecían los reportes de olores entre los vecinos. Cuando bajaba el flujo, también disminuían los gases y las quejas.
En septiembre de 2024, investigadores detectaron un fuerte incremento en los niveles de sulfuro de hidrógeno en un cruce del río en Saturn Boulevard, cerca de escuelas y viviendas. El 8 de septiembre, con un flujo de 55 millones de galones, las concentraciones superaron durante horas el límite estatal de olores. Dos días después, al reducirse el flujo a 8 millones, los niveles del gas cayeron drásticamente.
Residentes habían reportado por años síntomas como dolores de cabeza, náusea, tos y fatiga, pero muchas veces fueron ignorados. “La comunidad estaba actuando como sensores de calidad del aire, pero no eran escuchados”, señaló Prather.
El estudio también detectó cientos de otros químicos tóxicos provenientes de desechos industriales, drogas, llantas y productos de cuidado personal. El cruce de Saturn Boulevard fue identificado como el principal “punto crítico” de emisiones.
Las autoridades locales ya colocaron letreros de advertencia en la zona, mientras que la supervisora del condado, Paloma Aguirre, pidió acelerar obras de mantenimiento para reducir la turbulencia en ese tramo del río, lo que podría disminuir los contaminantes en el aire.
Estados Unidos y México trabajan en proyectos de infraestructura para mejorar el tratamiento de aguas residuales en ambos lados de la frontera. Los investigadores seguirán monitoreando la calidad del aire y el agua, así como los impactos en la salud a largo plazo.