A simple vista
Una madre de San Diego comparte su estrategia para alimentar a su familia con un presupuesto semanal estricto. Desglosamos la economía detrás de los precios de los alimentos y ofrecemos consejos para enfrentar el alto costo de vida en la ciudad.
Hace algunos años, Alli Powell era el ejemplo de la mamá moderna. Tenía dos hijos pequeños, un empleo de tiempo completo y una casa en Santee.
Y, como a muchas personas, veía cómo sus gastos seguían aumentando. Uno de los más altos en la lista era el gasto mensual en comida.
“Llegaba al supermercado sin un plan”, dijo Powell en una entrevista reciente con KPBS. “Comíamos mucho fuera y todo se volvió abrumador. Me di cuenta de cuánto dinero estaba gastando”.
En 2017, gastaba más de 200 dólares a la semana en el súper. Ajustado a dólares de 2025, eso equivale a unos 267.50 dólares. Además, pedían comida a domicilio y salían a comer.
Powell decidió hacer un cambio. Comenzó poco a poco, planeando tres cenas caseras por semana. Dos de ellas eran platillos preparados en olla de cocción lenta, que no requerían mucho esfuerzo.
Hoy en día, planea entre cinco y siete cenas a la semana. Comparte sus compras semanales de supermercado en una cuenta de Instagram llamada Grocery Getting Girl.
El plan semanal
Antes de ir a la tienda, Powell revisa los alimentos perecederos que tiene en casa. Esta semana, usará un bote de yogurt en una receta de pollo. Dos pimientos que ya están a punto de echarse a perder se convertirán en parte de un salteado.
“Reviso el refrigerador, la despensa y el congelador. Todo”, dijo. “Los productos con menor tiempo de vida útil son la prioridad. Así que lo que está en el cajón de frutas y verduras se usa primero. El congelador queda al final”.
El presupuesto de Powell es de 150 dólares a la semana en el supermercado —generalmente Food 4 Less— y de 250 dólares cada cuatro a seis semanas en Costco. Si gasta menos de lo presupuestado en el súper, ese dinero se transfiere al presupuesto de Costco.
“Casi siempre estoy por debajo del presupuesto en el supermercado, pero eso no suele pasar en Costco”, dijo.
Powell normalmente compra la carne en Costco y congela una parte. También adquiere ahí botanas, leche y productos para el hogar. Prefiere Food 4 Less para frutas, verduras y pan fresco. Siempre está atenta a las ofertas, siempre y cuando sean productos que compra con frecuencia.
¿Otro consejo que comparte? Dejar a la familia en casa cuando vas de compras.
“Siempre prefiero ir sola”, dijo Powell. “Cuando van tus hijos o tu pareja, la cuenta empieza a subir porque todos van echando cosas al carrito”.
Años de inflación
Como casi todo lo demás, los precios de los alimentos en San Diego comenzaron a dispararse durante la pandemia. El aumento también se ha visto influido por la gripe aviar, los aranceles impuestos por Trump e incluso por el clima.
Pero no hay que culpar demasiado a los supermercados, dijo Mike Palazzolo, profesor asociado de mercadotecnia en la Universidad de California en Davis. Él estudia cómo los consumidores toman decisiones financieras, especialmente cuando se trata de alimentos.
Los supermercados ganan uno o dos centavos por cada dólar que se gasta ahí, explicó. El resto se va a fabricantes, salarios de empleados y otros costos.
“Los minoristas de alimentos no tienen mucho poder para fijar precios”, dijo. “Gran parte de sus ganancias proviene del volumen de ventas”.
Vender grandes volúmenes da cierta ventaja a las cadenas más grandes. Costco, por ejemplo, ofrece un conjunto limitado de productos que puede cambiar en cualquier momento.
“Costco puede mantener los precios bajos porque en cualquier momento está dispuesto a decirle a un fabricante: ‘Ya no vamos a vender tu producto. Lo sentimos’”, explicó.
Comprar al mayoreo puede reducir el precio por artículo, pero no todas las familias pueden permitírselo, señaló Palazzolo.
“Los hogares de menores ingresos quizá no tengan la liquidez necesaria para aprovechar cosas que muchos damos por sentadas, como comprar un paquete de 36 rollos de papel higiénico, que resulta más barato por rollo, pero requiere desembolsar quizá 30 dólares de una sola vez para algo que durará cuatro o cinco meses”, dijo.
Mientras que las familias con mayores ingresos suelen comprar al mayoreo, las de ingresos medios tienden a usar cupones, explicó Palazzolo. Las familias con menos recursos pueden no tener tiempo para buscar cupones o comparar precios entre distintas tiendas.
En abril, el Concejo Municipal de San Diego aprobó una ordenanza que prohíbe los cupones exclusivamente digitales dentro de la ciudad. Quienes la apoyan dicen que esos cupones no siempre son accesibles para personas adultas mayores o para quienes están aprendiendo inglés.
Palazzolo señaló que este tipo de políticas podría hacer que las ofertas lleguen a más personas, aunque quizá no duren mucho.
“A menudo, estos cupones existen porque los minoristas quieren incentivar la descarga de sus aplicaciones”, dijo. “Si ya no pueden promover esas descargas con cupones más grandes, es posible que simplemente dejen de ofrecerlos”.
De vuelta en Santee, Powell asegura que ir al supermercado con un plan puede ayudar a mantener el gasto bajo control.
“Tuve que hacerlo paso a paso, de acuerdo con lo que funcionaba para mí y para mi estilo de vida en ese momento”, dijo. “Planea cuando tengas tiempo, cuando te resulte conveniente y cuando no te sientas apresurada”.
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