Después de una reciente misa dominical en la iglesia católica Nuestra Señora de Guadalupe en Logan Heights, una mujer mayor llamó aparte al padre Scott Santarosa. Él pudo ver el miedo y la ansiedad en su rostro.
“Me dijo: ‘Padre, están cazándonos como si fuéramos animales’”, recordó Santarosa.
Fue una declaración impactante, pero no sorprendió al párroco.
La iglesia, que atiende principalmente a inmigrantes, ya había registrado una baja en la asistencia este invierno. Santarosa escuchó personalmente de varios miembros que tenían demasiado miedo a las redadas migratorias como para ir a la iglesia.
Nuestra Señora de Guadalupe tiene una larga trayectoria ayudando a migrantes en crisis. En 2023, en medio de una afluencia histórica de solicitantes de asilo que cruzaban la frontera, la iglesia abrió un albergue temporal para migrantes.
Ahora, la agenda de deportaciones masivas de la administración Trump —la cual ha trasladado los operativos de vigilancia de la frontera hacia el interior del país— ha golpeado duramente a la iglesia.
Hay familias a las que agentes federales les han arrestado al principal sustento económico del hogar. Los niños están sufriendo crisis nerviosas porque sus padres fueron llevados a centros de detención migratoria.
“Sienten que están bajo persecución, así que queremos ayudarlos”, dijo Santarosa.
Las necesidades más urgentes son servicios legales y de salud mental. Para cubrir esas necesidades, la Iglesia Católica se está asociando con diversos proveedores de servicios para abrir un centro de recursos para inmigrantes.
Cuando abra la próxima semana, el Centro Papa Francisco ofrecerá talleres comunitarios, brindará asesorías legales y conectará a las familias con servicios de salud mental. Francisco, quien falleció en abril, fue el primer papa jesuita y un defensor de los derechos de los inmigrantes.
“Lo que queremos hacer aquí es crear un espacio de esperanza y un lugar acogedor”, comentó Brinkley Johnson, la gerente del centro. “Quizás no podamos resolver todos los problemas —de hecho, es un hecho que no podemos— ni podamos mitigar todo el sufrimiento que está causando nuestro gobierno. Pero queremos ofrecer algo que sea significativo y que valga la pena”.
Johnson se está coordinando con organizaciones como Alliance San Diego, Casa Cornelia Law Center y el Proyecto de Justicia Migratoria de la Asociación Americana de Abogados (American Bar Association).
Ella ha pasado meses escuchando directamente a los miembros de la iglesia para identificar cuál es la mayor necesidad. El tema de los servicios de salud mental surgió una y otra vez, especialmente en el caso de las familias de estatus mixto, donde los hijos pueden ser ciudadanos estadounidenses pero sus padres son indocumentados.
“¿Cómo le dices a tu hijo: ‘Oye, es posible que un día llegues de la escuela y yo ya no esté ahí’?”, recuerda Johnson que le preguntó un padre de familia. “¿Cómo maneja la gente esas conversaciones? Los miembros de la comunidad buscan apoyo psicológico para sus hijos”.
Los organizadores programaron una apertura preliminar para este lunes y una gran inauguración formal para el 1 de febrero. El centro se financia enteramente con donaciones privadas, informó el padre Santarosa.
Cristianos en la mira
Los feligreses de Nuestra Señora de Guadalupe se encuentran entre los millones de cristianos en EE. UU. que se sienten personalmente acechados por la campaña de deportaciones masivas de Trump.
Un informe publicado en marzo por la Asociación Nacional de Evangélicos y la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos reveló que, aproximadamente, uno de cada 12 cristianos en el país es vulnerable a la deportación o vive con alguien que lo es.
“Si tan solo una fracción de quienes son vulnerables a la deportación son realmente deportados, las consecuencias serán profundas; para esas personas, por supuesto, pero también para sus familiares que son ciudadanos estadounidenses y —ya que cuando una parte del cuerpo sufre, todas las demás sufren con ella— para todos los cristianos”, señala el informe.
De todas las denominaciones cristianas incluidas en el estudio, los católicos tuvieron el porcentaje más alto de miembros (18%) que son vulnerables a la deportación o que viven con alguien en esa situación, según el reporte.
En noviembre, la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. publicó una carta manifestando su oposición a la “deportación masiva e indiscriminada de personas”.
El grupo criticó específicamente la “estigmatización de los inmigrantes” por parte de la administración Trump.
“Nos perturba ver entre nuestra gente un clima de miedo y ansiedad en torno a temas de perfilamiento racial y vigilancia migratoria”, afirma la carta.
La comunidad se une
El Centro Papa Francisco se ubicará en lo que antes era el convento de la iglesia, comentó el padre Hung Nguyen, quien es el vicario de Nuestra Señora de Guadalupe y estará a cargo de la remodelación del edificio.
Las habitaciones donde alguna vez vivieron las monjas están siendo adaptadas como oficinas de consulta, para que las familias puedan reunirse con abogados de migración. La estancia principal será un espacio de reunión comunitaria para impartir talleres de "conoce tus derechos", mientras que otro cuarto se convertirá en una estancia infantil.
Una habitación que no será reutilizada es la capilla. Ese espacio se seguirá usando para la sanación espiritual, señaló Nguyen.
Para quienes buscan asilo, las consultas legales suelen ser emocionalmente agotadoras. Las personas tienen que relatar eventos traumáticos y esas consultas a menudo terminan en llanto.
“Así que la idea es que puedan venir aquí, sentarse y rezar mientras procesan sus experiencias”, comentó Nguyen.
Aunque Nguyen está liderando el proyecto, una cuadrilla de construcción compuesta por voluntarios es la que está haciendo realidad esta visión. La mayoría de los voluntarios son miembros de la iglesia que comparten sus propios conocimientos con el equipo. El hermano mayor de alguien es electricista, la tía de otra persona limpia casas y el sobrino de alguien más trabaja en la construcción.
“La gente ama a esta comunidad”, dijo Nguyen. “A la gente le encanta servir al mundo. Quieren dejar este lugar mejor de como lo encontraron”.