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Border & Immigration

Liberan a surfista tras pasar 4 meses en un centro de detención migratoria

A sign for the Otay Mesa Detention Center sits in front of the building Tuesday, July 7, 2020, in San Diego.
Gregory Bull
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AP
A sign for the Otay Mesa Detention Center sits in front of the building Tuesday, July 7, 2020, in San Diego.

Una jueza federal ordenó a la agencia de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) liberar a un surfista migrante que pasó cuatro meses detenido después de que, por accidente, entrara a una playa ubicada dentro de la base militar Camp Pendleton, del Cuerpo de Marines.

En su orden para conceder la liberación de Hagop Chirinian, la jueza federal Janis Sammartino señaló que ICE violó sus propios protocolos al detenerlo, a pesar de que las circunstancias de su caso hacían imposible su deportación.

“Por lo tanto, debido a que (ICE) no cumplió con sus propias regulaciones al volver a detener a (Chirinian) y no logró demostrar que su expulsión sea razonablemente previsible, el tribunal concede la petición”, escribió Sammartino, quien fue nombrada jueza por el presidente George W. Bush en 2007.

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En agosto del año pasado, Chirinian se encontraba de viaje con amigos cuando, sin saberlo, ingresaron a una playa dentro de Camp Pendleton. La policía militar detuvo brevemente al grupo, pero a sus amigos solo les dieron multas por invasión de propiedad y los dejaron ir.

Sin embargo, como Chirinian no es ciudadano estadounidense, la policía militar notificó a ICE. Los agentes lo arrestaron y lo trasladaron al Centro de Detención de Otay Mesa, donde pasó los siguientes cuatro meses. Fue liberado pocos días después de Navidad.

Su pareja, Tambra Sanders-Kirk, notó de inmediato el impacto físico que la detención había tenido en él.

“Ahora tiene más color”, dijo. “Cuando estaba ahí dentro se veía muy pálido”.

Chirinian describió el centro de detención privado como un lugar deprimente, con comida de muy mal sabor, hombres llorando constantemente y muy poco acceso a la luz solar.

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“Es difícil ver el sol”, dijo. “Lo único al aire libre que ves es un espacio de unos 15 por 15 metros, y el sol ni siquiera llega al suelo, especialmente en invierno”.

De acuerdo con documentos judiciales, Chirinian nació en Líbano y llegó a Estados Unidos con su familia en 1975, cuando tenía cinco años, con una visa de turista.

En la década de los 90, fue condenado por dos delitos no violentos relacionados con drogas y, en 2005, un juez de inmigración ordenó su deportación. Sin embargo, Líbano no tenía registros de Chirinian y se negó a emitir documentos de viaje o a aceptarlo como deportado.

Ante la imposibilidad de deportarlo, ICE lo dejó en libertad bajo una orden de supervisión, la cual le permite trabajar y le exige presentarse regularmente ante la agencia. Según los registros judiciales, Chirinian no ha sido condenado por ningún otro delito en casi 30 años desde esas condenas.

Mientras estuvo detenido, su familia presentó una demanda federal conocida como un recurso de habeas corpus, argumentando que el gobierno federal violó su derecho constitucional al debido proceso al mantenerlo detenido.

Más de 14 mil personas en centros de detención migratoria en todo el país han presentado este tipo de peticiones ante tribunales federales.

La jueza Sammartino asignó a un defensor público para Chirinian, quien revisó el caso y ayudó a gestionar su liberación.

La defensa se basó en que las personas bajo órdenes de supervisión cuentan con protecciones especiales contra una nueva detención, y que ICE no respetó esas protecciones.

En específico, si ICE quiere volver a detener a alguien bajo una orden de supervisión, primero debe darle la oportunidad de responder ante un tribunal y asegurarse de que la deportación sea posible en un “futuro razonablemente previsible”.

Además, la agencia debe determinar que hubo un cambio en las circunstancias que justifique dejar sin efecto la orden de supervisión.

“Sin embargo, ICE no hizo ninguna de esas cosas cuando arrestó al señor Chirinian”, escribió su abogada defensora, Kara Hartzler, en documentos judiciales.

ICE no respondió a las preguntas sobre este caso.

Sanders-Kirk dijo que resulta indignante ver a alguien detenido después de cumplir con todas las reglas.

“Estas personas están haciendo lo correcto”, dijo. “Eso no está bien. Les dicen que hagan las cosas de la manera correcta y lo están haciendo”.

Semanas después de su liberación, Sanders-Kirk sigue ayudando a Chirinian a reconstruir su vida.

“Cuando regresó a casa, no le devolvieron su permiso de trabajo ni su licencia de conducir”, dijo. “Todavía no tiene el permiso de trabajo, pero por fin le dieron una licencia temporal”.

A pesar de todo, Chirinian asegura que Estados Unidos sigue siendo el mejor país del mundo.

“En realidad no me gustaría vivir en ningún otro lugar”, dijo.

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