En el corazón de San Ysidro, existe un nuevo refugio para los residentes vulnerables al cambio climático.
Se trata del Centro de Resiliencia Comunitaria La Semilla, un centro comunitario de uso múltiple construido en lo que alguna vez fue un terreno baldío de 7,000 pies cuadrados en Park Avenue, cerca de Hall Avenue. Las autoridades celebraron su inauguración el jueves con una ceremonia de corte de cinta.
Los residentes pueden refrescarse durante las olas de calor, cargar sus dispositivos durante los cortes de electricidad y reunirse allí ante otros riesgos climáticos.
Lisa Cuestas, directora ejecutiva de Casa Familiar —la organización sin fines de lucro dedicada a la justicia ambiental que construyó el centro—, señaló que el lugar también sirve para capacitar a los residentes en servicios de emergencia para su vecindario.
“Este centro es, sin duda, un espacio educativo sobre cómo reaccionar, cómo responder y cómo prepararse ante desastres y emergencias”.
Esto incluye fenómenos meteorológicos extremos, como el fenómeno de El Niño “súper” que, según las previsiones, se intensificará este invierno. Se espera que el 23 de septiembre el centro organice un taller comunitario para ayudar a preparar a la población ante este posible fenómeno meteorológico.
“Nuestro clima está cambiando”, afirmó el alcalde Todd Gloria durante la ceremonia. “Lo vemos a nuestro alrededor, y esta es una de las formas en que intentamos abordarlo”.
La Semilla se construyó utilizando madera masiva, grandes paneles de madera capaces de almacenar carbono y que generan una huella de carbono menor que el acero y el cemento, según el Environmental and Energy Study Institute.
Las instalaciones también cuentan con paneles solares, una estación de carga para vehículos eléctricos, un jardín y cisternas para captar y almacenar agua de lluvia.
Bertha Ruiz es una de las varias residentes de San Ysidro que participaron en la planificación de La Semilla. Casa Familiar es conocida por involucrar en sus proyectos a los residentes de las comunidades a las que sirve.
El jueves, ella ayudó a cortar la cinta inaugural durante la ceremonia.
Lleva casi 30 años viviendo en San Ysidro.
Comentó que, en su momento, desconocía la gravedad de la contaminación en San Ysidro; solo sabía que su familia sufría problemas respiratorios.
Históricamente, San Ysidro ha enfrentado importantes desafíos de contaminación atmosférica debido a su cercanía con autopistas y con el puerto de entrada entre Estados Unidos y México, por donde circulan unos 100.000 vehículos al día. Según la Oficina Federal de Estadísticas de Transporte (BTS por su siglas en inglés), el cruce fronterizo de San Ysidro registró la entrada de unos 15 millones de automóviles a Estados Unidos en 2024, una cifra superior a la de todos los demás puertos de entrada compartidos con México.
Este vecindario de San Diego también se ve afectado por la contaminación del aire proveniente del río Tijuana, un cauce binacional cargado de aguas residuales. Los niveles de sulfuro de hidrógeno han superado repetidamente las normas estatales, según datos de una estación de monitoreo de calidad del aire en San Ysidro.
La Semilla aporta naturaleza y más opciones de movilidad a su vecindario, señaló Ruiz.
El proyecto se financió en gran medida gracias a una subvención de 8,5 millones de dólares del Consejo de Crecimiento Estratégico de California (California Strategic Growth Council), indicó Cuestas.